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Miss Chile desfila en traje típico |
Estoy tecleando con la mano un poco tiritona: a pesar de que las turbulencias quedaron atrás a cada rato el avión da un saltito. Entonces, para que el tiempo pase volando -ojalá con menos sacudones- echo mano a mi Macbook y un Gin Tonic doble. Observo a las inmutable azafatas que nunca perdieron la sonrisa mientras se aseguraban que tuviéramos los cinturones abrochados, pongo marcha atrás... y vuelo en el recuerdo.
Todo comenzó en 1960 cuando Marinka Polhammer Espinosa fue elegida Miss Chile y puso el toque terrenal en nuestros terremoteados suelos: en un mes debió cambiar su uniforme de Lan por el traje típico de huasa y, guitarra en mano, se lució por las pasarelas del Miss Universo. Cargando el título de la más linda del país, dio un soplo de inspiración a las calcetineras que soñaban ser modernas y recorrer el mundo de taco alto y falda ajustada.
Su victoria fue tan bien recibida, que por mucho tiempo fue el rostro de los afiches de esa línea aérea
Fue la época en que con una buena dosis de pastillas para el mareo y resignadas a afrontar las turbulencias, las azafatas se fueron poniendo de moda y dieron comienzo a una delegación de chilenas independientes y audaces que no se conformaron con quedarse sentadas tejiendo en la casa. Había que echarse a volar, aunque la mamá pusiera el grito en el cielo
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Marinka en Miss Universo 1960 |
El mundo cambiaba. Y en 1968, junto con memorizar los manuales de navegación, las auxiliares de vuelo fueron adiestradas en dicción, modelaje, maquillaje y peinado. También recibieron clases de cueca y gimnasia. Y, aunque la mayor parte del viaje debían permanecer de pie, se les enseñó, igual que a las misses, a sentarse con las piernas muy bien cruzadas. Las polleras se convirtieron en minifaldas y un coqueto traje dos piezas cuadrillé rosado reemplazó al austero uniforme de insignia en la solapa. Así, sentadas en las turbinas de un moderno Boeing 707, las flamantes auxiliares de vuelo dieron a conocer al mundo el glamour de su nuevo look.
En otros lugares del planeta las faldas se alargaron, se acortaron y se volvieron a alargar y con el aporte de las puntadas de Givenchy, Lacroix y Gianfranco Ferre, los pasillos de aviones internacionales semejaron lo más selecto de un Catwalk o de un Fashion Show.
Pero como diría el poeta, todo pasa y todo queda, y el tiempo se encargó de cambiar la moda y los horizontes de estas mujeres osadas.
En la actualidad, la oportunidad extiende sus fronteras y hoy miles de mujeres pilotos toman el control en sus manos. Ya no es necesario un uniforme a la última moda para demostrar al mundo que se puede ser moderna y de avanzada. Por eso, para demostrar mi admiración por estas mujeres audaces, levanto mi vaso y hago un brindis con el concho de mi Gin Tonic.