Aunque para algunos su elección fue una sorpresa, todos quedaron de acuerdo que su "chispa" y alegría la habían distinguido en todo momento de otras candidatas, tal vez más esbeltas y sofisticadas. Con una gracia única y gestos de "palomilla" ella le sonreía al mundo y de paso también le tomaba el pelo.
Según la opinión de los experto, nunca hubo una Reina de Belleza como ella. María Esther Brambilla, de 19 años, 1,68m y 90-59-90, a pocos días de su elección y en campaña de dieta intensa ya había logrado bajar cuatro kilos.
Pero con premios que incluían un auto último modelo, dinero y vestuario digno de una reina, ahora la vida también le sonreía a ella...
A continuación Chilean Charm reproduce distintas entrevistas y anécdotas publicadas en el momento de su elección...
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Gladys Zender y Bertha Arias (derecha) |
EL DILEMA DEL JURADO
Los días previos a la competencia habían estado salpicados de desfiles en trajes de cocktail, en ropa de baño y un examen de cultura general que finalmente culminarían en una gran elección en el Teatro Municipal de Lima.
El primer escrutinio se había realizado en los estudios de un canal de televisión, donde un jurado integrado por veinte personas, se había quedado hasta las dos de la madrugada deliberando. Según contaban algunos testigos, las discusiones habían abundado. Entre los jueces se encontraban Gladys Zender, la Miss Universo 1957 y Madelleine Hartog-Bell, Miss Mundo 1967 que aportaban toda su experiencia de ganadoras en certámenes internacionales de belleza. Esa fue una noche donde los ánimos estuvieron muy acalorados y cada uno de los veinte integrantes defendió con pasión a sus favoritas, "sin dejar de respetar los gustos ajenos" -dirían al finalizar la jornada-.
Fue así, que finalmente "los 20" llegaron a un acuerdo y la noche del 19 de Junio en el Teatro Municipal, un grupo de ocho candidatas finalistas, se mantenían prácticamente empatadas. Bertha Arias, una de las favoritas y con notable parecido a Gladys Zender, permanecía a la cabeza con el más alto puntaje. La seguía Carmen Alegría en el segundo lugar y María Esther ocupaba el quinto posición. Finalizada todas las presentaciones, el jurado se retiró al Palco del Alcalde con orden estricta de no moverse hasta obtener un resultado. La puntuación era tan ajustada, que entre la ganadora y la octava sólo habían 12 puntos (sobre un total de 200) de diferencia. Prácticamente cualquiera de las ocho finalistas podría haberse llevado la corona.
Llegado el momento de anunciar a la ganadora, luego de una nueva votación, el orden de las posiciones había cambiado y Esther Brambilla triunfaba con 132 votos contra 130 de Carmen Alegría y 120 de Gloria Esquivel, la candidata que había resultado octava.
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En el jurado, Madeleine Hartog-Bell y Gladys Zender |
MARÍA ESTHER
La nueva reina era dueña de un cabellos largos y negros, que en el momento de la competencia, llevaba peinado en un elevado moño. Sus expresivos ojos oscuros, muy maquillados a la moda de los años sesenta, se delineaban con un gesto risueño y eran el foco de atención de rostro de tez impecablemente blanca.
Pero con la corona y el titulo de Señorita Perú, María Esther debería bajar al menos siete kilos de peso y también ponerse en manos de Gladys Zender, que le enseñaría sobre la marcha a caminar muy elegante y desempeñarse como una verdadera reina, "de esa manera que les gustaba en el Miss Universo de Miami".
UNA VEZ GANADA LA CORONA
Nunca habían resonado tantas carcajadas en ese estudio fotográfico. Era el momento de realizar las fotos oficiales de la nueva reina y era difícil mantener la calma: María Esther sacaba la lengua, se ponía bizca y refunfuñaba. Mientras los maquilladores revoloteaban a su lado, como mariposas desconcertadas, ella contaba de su vida y volvía a sacar la lengua en un gesto divertido y de muchacha traviesa.
Era la mayor de cuatro hermanos, su padre un comerciante en maderas de origen italiano y su madre era Checa.
En esa época, se desempeñaba como secretaria de una compañía de seguros, trabajo que la tenía muy contenta y sus empleadores, según contaba, la habían asegurado por un millón de soles. "cuando vuelva del concurso, decía, seré jefe de relaciones publicas".
Menos gratos eran sus recuerdos de estudiante. Al preguntarle sobre su época en el colegio de monjas alemanas, su respuesta era directa: "De eso mejor ni hablar".
En eso se iluminaron los flashes, el estudio quedó en silencio y el fotógrafo enfocó su cámara. Entonces María Esther se puso seria, adoptó la pose de una diosa griega y comenzó la sesión fotográfica. La chica que un 19 de junio de 1968 había triunfado en el Teatro municipal, sobre 31 postulantes, para sorpresa de los expertos, abandonó las morisquetas y se transformó en una serena, bella e inalcanzable Miss Perú 1968. Una vez terminada la sesión de fotos, volvería a sacar la lengua.
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